Resulta positivo ver iniciativas de restauración ecológica como la transformación agroforestal anunciada tras la afección de la avispilla del almendro (Eurytoma amygdali). Apostar por la biodiversidad, la resiliencia del suelo y la alimentación natural de los animales es, sin duda, el camino correcto.
Sin embargo, este proyecto plantea una cuestión importante: ¿por qué esta sensibilidad ambiental no se ha mostrado con la misma firmeza ante la proliferación de plantas solares fotovoltaicas en el entorno inmediato?
La transición energética es necesaria, pero también lo es la planificación responsable del territorio. La instalación masiva de infraestructuras en zonas rurales y naturales tiene impactos que deberían ser evaluados con el mismo rigor que ahora se aplica a este proyecto agroforestal.
Si realmente se apuesta por un modelo sostenible e integral, sería deseable que las organizaciones implicadas mantuvieran una postura coherente en todos los frentes ambientales, no solo cuando la actuación se produce dentro de sus propios límites.
La protección del entorno no debería ser selectiva.
Sensibilidades «parciales»: las fotovoltaicas como plaga
